¡Ni comas con ella!

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Posted febrero 1, 2014 by Nanda Bezerra in Para meditar
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Recientemente escribí un post en el blog de Cris Cardoso hablando de cómo identificar una amiga falsa, en realidad fue una pequeña serie hablando de amigas y amistades. Si aún no lo leíste, no te lo pierdas, date una vuelta por allí.

En uno de ellos hablo de apartarse de las malas amistades, y en seguida llegan aquellos comentarios… Algunos son sinceros, pero otros parecen que vienen de personas que realmente no entienden nada, y lo único que quieren es cuestionarme. Generalmente, respondo los que son sinceros, y los otros que quieren lío, los dejo bufando

Hoy me gustaría hablar sobre amistades. Es necesario mucho cuidado al elegir con quién nos relacionamos, sea una amistad más profunda o apenas una compañera que siempre tienes cerca.

A veces somos muy ingenuas, y por eso nos lastimamos e, incluso, colocamos en riesgo nuestra salvación.

Muy bien, estás en la iglesia y buscas una amiga. Son muchas las que piensan que todas las personas que están en la iglesia, o que visten uniforme, son de Dios. Esto es un error. Nunca asumas, busca conocer a la persona. Es claro que perfección no encontrarás, pero lo que no puede faltar son aquellas cosas cruciales que aprendemos con la Palabra de Dios: honestidad, integridad, principios, etc.

Si comienzas una amistad y luego percibes que aquella persona vive hablando mal de los otros y haciendo comentarios negativos, que ella tiene malos ojos y malicia, que vive haciendo chismes y hablando de la vida de los demás, que está enterada de todo lo que sucede, no la uses para obtener informaciones, sino apártate. Eso, apártate. No importa quién sea esta persona (ella puede usar un uniforme o tener un título), tienes que ser selectiva. Esto es guardar tu fe, tu perla preciosa.

Pero Nanda, ¿cómo voy a ayudar a esta persona si me aparto?

¿Vamos a ver lo que el apóstol Pablo tiene que decirnos al respecto? Voy a dejar que él te responda.

“Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5.11).

¿Cómo?! ¿Ni comer con aquella persona?!

Este cuidado nos previene de ser contaminada; nos protege de ser juzgados por los demás como practicantes de las mismas obras y, al mismo tiempo, le das una oportunidad a aquella persona de observarse y de arreglarse al verse sola.

Recuerda, ¿de qué vale ganar el mundo y perder tu salvación?

¿Ya has pasado por una situación así? ¿Estás pasando ahora? ¿No sabías qué hacer o cómo actuar?

¿Este post te ayudó? Deja tu comentario.

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