Viviendo en el Altar…

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Posted enero 1, 2014 by Nanda Bezerra in Para meditar
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Entré al 2014 en un lugar muy especial y santo, el Altar de Dios. Estaba adorando y agradeciendo a Dios por haberme dado el privilegio de servir en Su Altar. Hasta hoy no sé lo que Él vio en mí para regalarme una vida tan preciosa, pero estoy totalmente agradecida. Mi pedido fue que Él guardase mi vida siempre en Su Altar. Bueno, Su respuesta vino inmediatamente y de una forma inesperada. ¡Sólo hay una manera de vivir en el Altar!

¡Caramba! No sé si voy a lograr transmitirles cuán fuerte fue el entendimiento que recibí de parte de Él. Antes de leer el resto del post, intenta completar esta frase: “Solo vive en el Altar quien _________”.

Muchas dirían quien “sacrifica” o algo parecido, ¿no es cierto? Bueno, lo que Dios me reveló fue un poco diferente. Muchas veces subimos al Altar para sacrificar, como debemos, pero volvemos a descender del Altar nuevamente. ¿Qué queda en el Altar? ¡Nuestro sacrificio! Entonces, en el Altar solo vive el sacrificio. Quien vive en el Altar no sacrifica, quien vive en el Altar es sacrificada – no tiene más vida. ¡Ella es el propio sacrificio! Ya había escuchado eso antes, pero esta madrugada me fue revelado.

Para vivir en el Altar de Dios este año, y para siempre, tengo que ser sacrificada. Cuando entendí eso, pasaron, como en una película por mi cabeza, momentos difíciles que pasé en 2013. Fueron momentos de muchas lágrimas – momentos de reprensión y corrección, momentos de trabajo duro, momentos de dolor. Después de la vigilia, le comente a mis amigas sobre lo que Dios me había revelado y les pregunté, si lloré tanto el año pasado, para que Dios pueda moldearme, cambiarme y usarme, ¿cómo será el año que viene entonces, con esta revelación?  ¿Qué será de la vida de una sacrificada – ña vida de un propio sacrificio? Confieso, tuve ganas de pedirle a Dios que me volviese a mi ignorancia y olvidase la revelación que Él me dio, jajaj.

Pero observa una cosa. ¿Por qué dolió tanto la Obra de Dios en mí el año pasado? Porque yo continuaba sacrificando y aún no era sacrificada. El sacrificio no siente, ¡porque ya no tiene vida! Los conflictos dolorosos que hubo en mí, eran el resultado de mi carne viva – mis propias ganas, mis expectativas, mis sueños, mi entendimiento, mi forma – todo eso en conflicto con la voluntad de Dios. ¡Estaba llena de mí! ¿Cómo no iba a doler?

Entonces, para resumir, le pedí a Dios vivir en Su Altar y Él me pidió que sea el sacrificio. ¡Que así sea!

¡Ten un 2014 bendecido!

¡Un abrazo con mucho cariño!

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Motlatsi Bernardino

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